Mirar porno aumenta el riesgo de separarse

Aunque es una fuente de fantasías y satisfacción, la excitación nos la debe brindar quien está frente a nosotros y no quien se ve en una pantalla.

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Muy diferente a lo que muchos podrían creer, parece ser que la pornografía aporta inestabilidad a muchas relaciones de pareja, porque cuando uno de los dos se pega a las pantallas a consumir escenas explícitas de cama, el riesgo de ruptura aumenta de manera significativa.

Son varios quienes afirman que “aquellos que se recrean viendo porno” lo hacen porque tienen problemas con sus parejas. Pero si esto fuera así, no sería la pornografía la causante de las separaciones, sino la “consecuencia”.

Investigadores de la Universidad de Oklahoma analizaron los resultados de una encuesta, donde le preguntaron a 5.678 personas, si habían visto una determinada película en el último año.

De ese total, 1.681 contestaron que sí. Los autores encontraron que los hombres aficionados a la pornografía, tenían un 10% de posibilidades de terminar su relación de pareja, justo el doble de aquellos que no la veían.

El asunto se pone más oscuro cuando vemos el sector de las mujeres, porque las que adoran visualmente las astas de los actores porno, tienen tres veces más probabilidad de sacar a sus desnutridos maridos por la ventana, que las que cierran los ojos cuando aparecen este tipo de hombres en la tv.

La mayoría apunta hacia que los problemas surgen como una consecuencia del consumo solitario de pornografía, a escondidas o fuera del hogar, principalmente de parte de los señores, quienes terminan ganando problemas con sus mujeres, motivadas por la desconfianza. Muchas de ellas se aburren y los abandonan.

Pero, si son “ellas”, quienes ven pornografía sin la compañía de “ellos”, pueden golpear la autoestima de sus hombres porque, muchas veces, terminan pensando que no las complacen lo suficiente, generando problemas que terminan en la división de cobijas.

Independiente de todo lo que aquí se ha dicho, aceptemos que la pornografía es una fuente de fantasías y de autosatisfacción, y no podemos olvidar que la rutina vuelve el sexo aburrido, entonces, qué mejor que convertir cada metida bajo la sábana en una película, en donde los protagonistas puedan exclamar gemidos y hacer contorsiones reales, es decir, su propia pornografía.

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