Abstinencia sexual: ¿cómo afecta al organismo?

La ausencia de relaciones sexuales o masturbación puede aumentar los niveles de ansiedad y estrés.

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La abstinencia sexual puede ser entendida como una decisión tomada voluntariamente, en general por cuestiones religiosas o, en cualquier caso, de índole personal. También puede producirse por limitaciones físicas y causas de fuerza mayor, debido a una enfermedad propia o por prescripción médica.

Sin embargo, en otras ocasiones, la abstinencia sexual involuntaria se puede dar en otros contextos, como una situación de soledad a consecuencia de una ruptura de pareja, una situación de aislamiento, enfermedad de la pareja o falta de intimidad para masturbarse.

¿Es malo no tener relaciones sexuales ni masturbarse?

Los estudios psicológicos y sexológicos parecen indicar que los efectos de la abstinencia voluntaria no son tan negativos como cuando la situación es involuntaria, aunque algunos efectos puramente fisiológicos serán coincidentes. 

La ausencia de relaciones sexuales o masturbación puede aumentar los niveles de ansiedad y estrés.

Por otra parte, la actividad sexual está muy íntimamente relacionada con la autopercepción del individuo. Por tanto, la autoestima y la sensación de felicidad pueden verse negativamente afectadas.

Otra consecuencia muy llamativa es la reacción de círculo vicioso, en la cual la persona que no tiene relaciones ni se masturba experimenta una disminución del deseo sexual o descenso de la libido.

Las personas sin actividad sexual voluntaria tienen, además, una mayor tendencia al envejecimiento prematuro y al deterioro de la vida de pareja (en caso de tenerla). Las parejas sin vida sexual tienden a tener relaciones más próximas a las de dos amigos o compañeros de piso, no beneficiándose de los vínculos particulares de intimidad.

¿Cómo afecta la privación sexual al organismo?

Las relaciones sexuales, la eyaculación y el orgasmo van a dar lugar a una serie de acontecimientos fisiológicos, entre los que se incluyen:

  • Liberación de endorfinas y oxitocina. La oxitocina es la hormona del amor, la que fortalecerá los vínculos de pareja y la intimidad. La ausencia de liberación de estas sustancias en estados de abstinencia sexual da lugar a que no se lleven a cabo sus funciones analgésicasrelajantes y de percepción de bienestar. 
  • Aumento en los niveles de inmunoglobulina A, principal anticuerpo de nuestro organismo. La falta de actividad sexual supone, de este modo, una disminución de la capacidad de respuesta del sistema inmunitario, de modo que presentaremos menos defensas ante los patógenos externos.
  • Facilitación de la producción de nuevas neuronas. La carencia de vida sexual implicará, por tanto, una disminución de la neurogénesis favoreciendo el deterioro cognitivo.

Además de todas estas consecuencias, cabe citar que la falta de eyaculación tiende a aumentar los casos de disfunción eréctil y aumenta el riesgo de cáncer de próstata.  

En el caso de la vagina, al ser un músculo, la falta de actividad da lugar a problemas de suelo pélvico, incontinencias urinarias e incluso puede llegar a provocar atrofia.

En definitiva, una vida sexual activa, ya sea en pareja o en solitario, hace que vivamos con mayor sensación de bienestar y un mejor estado de salud general, sintiéndonos más rejuvenecidos, activos y con una mejor valoración de nuestra propia calidad de vida.

Los resultados médicos indican, además, que la actividad sexual previene el desarrollo de ciertas enfermedades y actúa como un buen ejercicio físico y mental.

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