¿Por qué aflora la tensión sexual entre compañeros de trabajo?

La percepción de forma repetida de un estímulo, lleva a una mayor atracción hacia ese estímulo. Estos son datos que deberías saber...

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El roce hace el cariño”, o eso afirman los refranes populares pero, ¿existe base científica para afirmar que cuanto más tiempo pasemos con alguien más atractivo nos parecerá? Y, ¿qué consecuencias tendrá compartir más horas con nuestros compañeros de trabajo que con nuestra pareja, por ejemplo?

Primera Impresión

Pues en cierto modo sí. La atracción sexual y afectiva se produce por diversos factores. A nivel biológico, asociado incluso a la supervivencia, los rasgos físicos cobran un valor importante pues, inconscientemente, pueden ofrecernos una imagen distorsionada según nos interese o no la persona en cuestión, a ese nivel.

Esto ocurre con la simetría, por ejemplo. Al valorarlo nuestro cerebro positivamente, reconociendo un rostro más armonioso, nos ayuda a inferir otras características que, por probabilidad presentará esa misma persona, como su buena salud, tanto a nivel físico como mental.

Pero también ocurre con la simpatía u otros rasgos de personalidad que vamos descubriendo al relacionarnos con las personas. Este sesgo cognitivo de atribución de características, aún no confirmadas, por la asociación a rasgos anteriores se conoce como Efecto Halo.

Fue acuñado así por Edward L. Thorndike en 1920, sigue estando vigente en nuestros días y siendo muy estudiado en relación al atractivo físico, por sus consecuencias tanto en los procesos judiciales como en el sistema educativo.

Por supuesto, lo biológico no es lo único que afecta a la atracción sexual, también es un a fenómeno cultural. Lógicamente, tendemos a apreciar positivamente los rasgos físicos asociados a lo considerado bello en nuestra cultura y los comportamientos considerados eróticos, divertidos o que nos generan confianza y juzgamos como positivos, en definitiva.

El poder de la proximidad

La primera impresión no es determinante y, aunque pudiera favorecer la continuidad de la posible relación futura y el incremento de la atracción, existe un factor importante para que todo esto suceda. La proximidad sería la clave.

En primer lugar, para poder coincidir en espacio y tiempo. Las personas de nuestro entorno tendrían mayor probabilidad de interactuar con nosotros físicamente y serían más accesibles, como es lógico (Berscheid y Reis, 1998).

Al contactar podría aparecer este Efecto Halo facilitando, o no, este primer contacto. Asimismo, la proximidad, no solo consigue que la gente se conozca sino que lleguen a tener una cita o se casen.

Ya en 1939 un estudio sobre “Proximidad residencial antes del matrimonio” de Davie y Reeves, publicado en American Journal of Sociology abría las puertas a la investigación sobre este fenómeno.

Estudios como los de Festinger, Schatchter y Back en 1950, realizados en una zona residencial, mostraron que las tres personas, que vivían más próximas eran con las que mantenían mejores relaciones. Cumpliéndose también este hecho en residencias universitarias.

Asimismo, Byrne y Buehler, en 1955, han constatado en sus investigaciones que la proximidad física influye en el hecho de que los estudiantes lleguen a conocerse. Sin embargo, esto no asegura que la proximidad provoque las relaciones pues, también pudiera ser que las personas que comparten ciertas características, como cultura, nacionalidad, religión, estatus económico, incluso, algunas características físicas o de personalidad, prefieran vivir unas cerca de otras.

Atracción

En investigaciones más recientes, (Moya, 1999; Brehm, 1992), se evidenció la influencia de la proximidad física y el establecimiento de relaciones. Acostumbrarnos a una persona reduce nuestra ansiedad y nos hace sentir más cómodos.

Los investigadores, Baron y Byrne en 1998, afirmaron que una persona nueva, con la exposición repetida, llegaría a ser familiar, ya que los sentimientos de ansiedad ante lo desconocido disminuirían de manera gradual. Por tanto, esta proximidad, o ese “roce” al que aludía en dicho popular, no necesariamente físico, puede incrementar la familiaridad y esta, a su vez, aumentar la atracción.

Este hecho se basa en el conocido ‘efecto de la mera exposición’ (Zajonc, 1968). Se fundamenta en que la percepción de forma repetida de un estímulo, que inicialmente es neutral o positivo, lleva a una mayor atracción hacia ese estímulo.

Más aún, cuando tenemos que pasar mucho tiempo con una persona, por ejemplo en el trabajo, y la relación nos resulta desagradable, tendemos a restablecer el equilibrio. Para conseguirlo utilizaría una de estas dos estrategias, tratar de apartarnos de esa persona, solicitando otro puesto o destino, por ejemplo, o bien, descubriendo que esa persona no era tan desagradable como pensábamos.

Y es que el cerebro es maravilloso para ofrecernos lo que nos resulte más beneficioso para nuestra salud, aunque a veces nos cueste aceptar que el que parecía tan insoportable, a final no lo era tanto. Todo esto, aunque nos ayude a gestionar mejor nuestra vida laboral, podría afectar a nuestra vida personal.

Solemos pasar más horas en el trabajo que con nuestra pareja, salvo que trabajemos con ella. A veces, incluso, no queda mucho tiempo para el ocio y poder relacionarnos o ligar fuera de allí. ¿Qué ocurrirá entonces? Pues que el trabajo podría resultar un lugar bastante propicio, bien para sentirnos atraídos sexualmente por alguien, encontrar pareja o para ser infiel a la que ya tenemos.

Además de por las teorías de la proximidad, parece resulta bastante atractivo y forma parte de nuestro imaginario erótico, aquello de montárselo en el lugar de trabajo. Sin que te pillen, entiendo. Según el Barómetro 2018 de Control, un 15,20% de los jóvenes españoles de 18 a 35 años considera el trabajo su lugar preferido para practicar sexo. Si bien ocupa la octava posición, sorprendentemente supera a la discoteca.

La semejanza también es un factor que se ve afectada por la proximidad. ¿Buscaremos proximidad con los semejantes o nos hemos ido haciendo semejantes como consecuencia de estar juntos? Ambas posibilidades son ciertas.

Según estos estudios, las personas que compartimos ciertos espacios solemos tender a parecernos en otros aspectos, como los objetivos, la ideología, el nivel socio económico y cultural, o incluso los problemas. Y es que el refranero español parece estar bastante de acuerdo con la ciencia porque, según dicen, “Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición”.

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