¿A qué país le pertenece la Antártida?

La Antártida cuenta con la mayor reserva de agua dulce del planeta, con 77% del total mundial y 90% del hielo terrestre.

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Su relevancia se pone de manifiesto en su historia geológica, el inmenso sistema hídrico que la compone y la vida que se ha adaptado para tolerar su ambiente hostil.

Los gobiernos de Chile y Argentina reclaman este territorio con el argumento de haber heredado el área de influencia de la Corona española en América, establecida en el tratado de Tordesillas de 1494.

Australia, Bélgica, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, la Unión Soviética–hoy Rusia–, el Reino Unido y Estados Unidos también han plantado sus ojos en Antártida a lo largo de los siglos.

La carrera por reclamar su propiedad desencadenó conflictos diplomáticos que casi se tradujeron en bélicos, hasta que la intención estadounidense de experimentar con armas nucleares en el territorio, la negativa de las dos naciones sudamericanas y el respaldo de la URSS derivaron en la firma del Tratado Antártico.

Este tratado definió a la Antártida como un sitio dedicado a “la libertad de investigación científica con fines pacíficos y la armonía internacional”.

Desde entonces, lejos de ser el taller de guerra que se imaginó, la Antártida se consagra a la paz, la ciencia y la cooperación, con 53 países adherentes al tratado y 65 bases donde conviven investigadores de 53 nacionalidades que hablan 40 idiomas.

La base Profesor Julio Escudero fue nombrada en honor del redactor del tratado que definió los controversiales límites fronterizos de la llamada Antártica Chilena.

En la base Escudero se distingue el campamento ruso por su iglesia ortodoxa de madera; cerca, la base coreana muestra una infraestructura moderna, pero escasa comparada con la de China, a solo unos metros.

El caso del puerto Foster:

En el puerto Foster en 1911, en bahía Balleneros, Noruega estableció aquí una planta procesadora de carne y grasa de ballena que cerró por un colapso en el precio del aceite. Luego el sitio fue ocupado por la marina real británica, que instaló una base científica hasta que el volcán estalló, en 1967.

Un año después, un intento por restablecerla se frustró por una segunda erupción que cobró la vida de algunos oficiales; sus tumbas aún se pueden visitar.

Hoy, la antigua planta ballenera es considerada un Sitio Histórico y Monumento bajo el Tratado Antártico.

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