¿Por qué no es verdad que vengamos del mono?

La oración «no vengo del mono» suele ser la respuesta creacionista a la supuesta afirmación de los biólogos evolutivos: «Venimos de monos».

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«No vengo del mono». Se han llegado a hacer canciones infantiles con esa letra. Quienes proclaman esta sentencia suelen atribuir a Charles Darwin la afirmación de que los seres humanos «venimos de monos». Frase que podemos leer en El origen del hombre.

Por el otro lado, con frecuencia muchos biólogos responden que no es que descendamos del mono, sino que tenemos ancestros comunes. Por supuesto, esa apreciación es cierta, aunque imprecisa. También tenemos ancestros comunes con los bisontes, los berberechos, las berenjenas o las bacterias de nuestro intestino y con esos ejemplos no hay confusión.

¿Qué significa «mono»?

La afirmación «venimos de monos» —asumiendo que «venir» hace referencia a «descender»— plantea en primer lugar un problema de terminología. Y es que para poder hablar de manera precisa y exacta es necesario definir adecuadamente «mono».

No existe un término científico que englobe a un grupo de animales bajo el término «mono». Se trata, por el contrario, de un vocablo del habla coloquial, y por tanto, la expresión «venimos (o no) de monos» no es una afirmación científica.

Para los anglófonos, según el diccionario Oxford, el término «monkey» hace referencia a todos los primates con cola, como el tití, el babuíno o el macaco, y los diferencia de «ape», que serían los primates sin cola como el gorila, el orangután o el chimpancé.

En castellano, la definición que recoge el diccionario de la Real Academia Española es distinta: llama «mono» a todo primate que pertenezca al antiguo suborden de los antropoides, arcaísmo que hoy representaría a los miembros del grupo Simiiformes. En él se encuentran los Platyrrhini (platirrinos), o «monos del Nuevo Mundo», como los capuchinos, los monos aulladores o los titíes, y a los Catarrhini (catarrinos), o «monos del Viejo Mundo», entre los que se incluyen los cercopitecoideos, como babuinos o mandriles, y los hominoideos, donde están gibones, chimpancés, gorilas… y también los seres humanos. A estos mismos grupos hizo Darwin referencia en su famoso libro, de hecho.

Filogenia de los primates (Perelman et al., 2011).

La importancia del lenguaje científico

En todos estos casos estamos hablando de un lenguaje coloquial. Según la RAE, «mono» es sinónimo del término científico Simiiformes, marcado en azul en la imagen, y por tanto, decir que venimos —o descendemos— de ancestros comunes con los monos es cierto, ya que también nosotros estamos incluídos en él.

Sin embargo, la definición inglesa de «monkey» plantea un problema. Y es que incluye en la definición a todos los platirrinos y a los cercopitecoideos, pero excluye a los hominoideos, al no tener cola. En la imagen, en naranja. En términos filogenéticos, todo grupo que se define debe incluir a todos los descendientes de un ancestro común, no puede ni dejarse descendientes fuera, ni incluir organismos que no desciendan de ese ancestro. Cuando un grupo cumple este requisito, se dice que es monofilético.

Grupos que animales incluídos en «mono» según RAE (azul) y «monkey» según oxford (naranja).

Un grupo que incluye al último ancestro común de una serie de especies, pero excluye a una o varias especies que sí descienden de aquel ancestro, en filogenia se llama grupo parafilético, y no es válido en términos científicos. Esto es lo que sucede con el concepto inglés «monkey»: que incluye al ancestro común de todos los Simiiformes, con excepción de un grupo concreto, los hominoideos.

Pero al margen de su invalidez en términos científicos, seguimos teniendo ancestros comunes con los animales que se consideran en inglés «monkey». Incluso bajo esa definición, la expresión «tenemos ancestros en común con los monos» sigue siendo cierta.

En una terminología científica más correcta, se debería hablar de Primates, de Simiiformes o de Catarrhini. Y decir, por tanto, que tenemos ancestros en común con los primates, con los simiiformes y con los catarrinos. Si, en términos filogenéticos, todo grupo debe englobar a todos los descendientes de un mismo ancestro común, eso equivale a decir que somos primates, somos simiiformes y somos catarrinos.

Pero podemos ir un poco más lejos.

¿Y si la frase «venimos de monos» fuese cierta?

De todos modos, y volviendo al origen de la cuestión, independientemente de la definición de «mono» a la que nos acojamos, la frase «venimos de monos» puede que no sea tan falsa como muchos biólogos —y todos los creacionistas— piensan.

Antepasados nuestros que entran en la definicón de «mono» según RAE (azul) y de «monkey» según oxford (naranja).

En ninguno de los casos el término «mono» se refiere exclusivamente a animales modernos. Si miramos nuestro árbol filogenético —que es como el árbol genealógico de las especies—, encontramos entre nuestros ancestros una buena cantidad de especies prehistóricas que entran en la definición de «mono» en cualquiera de sus versiones.

El matiz está en el tiempo. Incluso si excluyéramos al ser humano de la definición —cosa que la RAE no hace, por cierto— y tomáramos por buena la definición de Oxford, donde solo son monos los primates con cola, es evidente que no descendemos de ningún mono actual. Sin embargo, tenemos una gran cantidad de ancestros que caben en la definición de «primate con cola». Animales como Aegyptopithecus, de hace 35 millones de años, tiene tanto de «mono» como, por ejemplo, el cercopiteco de Dent.

Es decir. Aunque no procedemos de ninguna especie de mono moderna, sí descendemos de una gran cantidad de especies de monos, todas ellas prehistóricas. Y no importa cuál sea la definición que escojas.

Decir que «venimos de monos» es correcto. Informe extraído de la revista científica muyinteresante.es

REFERENCIAS:Perelman, P. et al. 2011. A Molecular Phylogeny of Living Primates. PLOS Genetics7(3), e1001342. DOI: 10.1371/journal.pgen.1001342

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